viernes, 4 de abril de 2008

140 adolescentes atormentan al Inau


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-"Alberto, octubre, noviembre y diciembre, sólo Berro, hubo 94 fugas. De ellas, 49 fueron en Ariel, 19 de Casona y 13 de Cerrito. De ahí podrás ver que el relajo es en Ariel y que 81 fugas fueron en hogares de baja seguridad. Porque si bien Ariel tiene un poco más de cerramiento se trata de hogares prácticamente abiertos". Carlos Uriarte
"-Doctor, en enero y febrero y lo que va de marzo registramos 49 fugas en la Colonia Berro. Hay que tener en cuenta que es probable que no se nos haya denunciado todas. Además hay 7 menores recapturados". Inspector Guarteche, jefe de Policía de Canelones
En estos dos años y medio de gobierno hay muchas cosas que se hicieron bien y otras muchas que se hicieron mal. Y algunas que no se hicieron y que se prometió hacer y otras que no se hicieron y que se van hacer.
Hubo muchas esperanzas que se frustraron y muchos logros que se festejaron y muchas cosas que se hicieron y se conocen y otras que se hicieron y se desconocen y algunas que se conocen mal y hay cosas que se deforman y se ocultan y otras que no vemos porque no se ocultan pero tampoco se difunden.
Hay algo que sin duda funciona mal y que no se ha podido resolver porque no se sabe resolver o porque no se puede resolver o porque no se conoce cómo solucionarlo o no se percibe la necesidad de hacerlo o se subestima su importancia para la sociedad y se iguala la legítima aspiración colectiva de que se encamine un proyecto de atención a la inseguridad ciudadana con el perverso reclamo de gente que quiere exterminar a los muchachos descarriados para que la dejen dormir en paz.
Esto que funciona muy mal es el problema de los menores que delinquen, particularmente cuando son capturados y sometidos a la Justicia de menores y tienen la desgracia de ser internados con medidas cautelares de privación de libertad en la Colonia Berro.
Estos menos de 140 muchachos internados en la Colonia Berro son un problema que ha desbordado al gobierno y para los cuales no hay una política, ni una estructura de contención eficaz, ni una infraestructura material adecuada, ni medidas educativas, ni un sistema de reclusión humano y digno.
En estos dos años las autoridades del Inau lo han comprobado, se han chocado contra la realidad, han percibido su impotencia, han reconocido cierta ingenuidad inicial y han intentado fortalecer sus ideas y sus iniciativas con recursos materiales y humanos insuficientes pero para nada escasos.
Han dispuesto de partidas especiales, han hecho obras, han iluminado los hogares, han contratado funcionarios con perfil de contención, han hecho concursos de encargaturas para seleccionar a los mejores, han proporcionado a los chicos mejor alimentación, frazadas, ropa de cama y colchones; han incorporado técnicos sociales, sicólogos, educadores, maestros, estudiantes de derecho, de comunicación social, bachilleres y hasta abogados con el propósito de calificar la gestión. Habría que haberse asegurado además de que los talentosos nuevos funcionarios tuvieran disposición y ganas para trabajar en semejante ambiente. Pero no se hizo...
Han puesto funcionarios de confianza en los cargos de dirección y algunos han sido sustituidos a los pocos meses o han pedido ser trasladados por la presión que les resulta insostenible. Los directores se han encontrado con que, quienes gozan de confianza política, en general se encuentran con un marco laboral que no preveían encontrar, para el cual no están preparados, y sin un plan creíble y confiable, ni estímulos, ni mística, ni aplicación sistemática del respeto de las jerarquías para su cumplimiento.
Y muchos se han perdido en internas políticas en la vorágine del cicloncito que no sabían cómo controlar.
Ha habido idas y venidas de las autoridades, que han dado la impresión de desconcierto e improvisación de quienes no saben a dónde van.
Y como se sabe, para el que no sabe a dónde va, cualquier camino es bueno.
Para colmo la oposición ha encontrado un punto vulnerable, muy sensible en la consideración pública, y las autoridades del Inau no han tenido otra idea que cuestionar a la oposición, a la prensa, al sindicato de funcionarios, a los jueces que no aplican medidas sustitutivas a la privación de libertad y, a juicio de las autoridades del Inau, son los culpables de llenarles de chiquilines la Colonia Berro, a los responsables de las obras edilicias, a los técnicos, a los menores internados, al Comité de los derechos del niño y a la falta de recursos materiales
De autocrítica ni un poquitito, de modestia menos, de reconocimiento de insuficiencias y desorientación nada.
Solamente un discurso soberbio, sabelotodo, autista, que ignora la alarma que provocan los errores de su gestión y la ausencia de medidas creativas, inteligentes y enfáticas capaces de contagiar fe y entusiasmo en los involucrados.
Las recientes denuncias son lo peor, porque además como siempre el hilo se romperá por lo más delgado.
Tal vez las torturas denunciadas no existieron nunca o cuando existieron fueron investigadas. Pero todo lo demás sí existe, encierro, aislamiento, maltrato y falta de políticas socio-educativas para la rehabilitación de los menores. Y estas cosas ya fueron denunciadas por los técnicos, por los medios, por la oposición y hasta por CARASyCARETAS. Y se hizo oídos sordos, se siguió con la rotación de directores como si fuera un partido de volley ball, se trasladó a los amigos de un lugar incómodo a un lugar más habitable, se toleró a algunos faltas inadmisibles y se sumarió a otros por causas mínimas, se hicieron viajes, se tomaron vacaciones en medio de la tormenta, se dejó pasar el tiempo y se pensó una y otra vez que el tiempo y la vida eran los mejores aliados y las cosas se iban a terminar resolviendo solas.
Se escaparon en los últimos seis meses 150 botijas. Más de los que hoy están internados y el doctor Carlos Uriarte, gerente del Interj (Instituto de Rehabilitación Juvenil), destacado abogado, académico de prestigio, profundamente vinculado al derecho juvenil, a la defensa de los derechos humanos y a las organizaciones no gubernamentales, minimiza esta incapacidad para el cumplimiento de las medidas cautelares de privación de libertad dispuestas por la Justicia, sin percatarse de que la responsabilidad de cumplirlas es particularmente de él.
Y, con todo respeto -porque sinceramente tengo muchísimo respeto por él y por su capacidad técnica y por ser una buena persona, un humanista auténtico y un garantista consecuente-, por mucho menos de eso, otros han renunciado en el Inau.
Para mí, que al director del Instituto de Rehabilitación Juvenil se le escapen 150 jóvenes privados de libertad en seis meses, es igual que si al llegar a casa percibo que se me perdió un nieto en el Parque Rodó. Sería como para matarme.
Porque el responsable final, único e inexcusable del área de seguridad es el doctor Carlos Uñarte.
Los funcionarios encargados de la contención -cuya actividad ha sido ejercida con dedicación, riesgo y sacrificio, y que han sido seleccionados cuidadosamente-, se encuentran hoy acusados de torturadores sin que ningún jerarca se haga responsable de la falta de un proyecto por el que valga la pena sacrificarse.
Además, ahora las autoridades hablan como si todo estuviera previsto. Anuncian que se cerrará el Ser a mediano plazo, y que desaparecerá la Colonia Berro, se construirán varios hogares en Montevideo.
Y ¿para qué se gastó tanta plata en obras, iluminación y caminería? ¿Para qué se acaba de hacer un convenio con la Policía para mantener una guardia permanente en la Berro?
Por otra parte, es preocupante que algunos funcionarios encargados de la contención hayan llegado a la conclusión de que los muchachos internados son verdaderos monstruos a quienes sólo se les puede manejar con rigor.
Es además incongruente con el mensaje de las autoridades que responsabilizan a los jueces, particularmente a los del interior, por disponer excesivamente de medidas cautelares de privación de libertad a muchachos que según Uriarte y Giorgi, perfectamente podrían estar en sus casas con medidas sustitutivas.
¿Por qué si son angelitos se les cuida como a monstruos y se escapan como pajaritos?
Por más que los asignados a la contención sean héroes en la guerra de Nicaragua, expertos en Jiu Jitsu, cinturones negros, inteligentes, nobles y compenetrados de la función social que cumplen en su labor diaria, ahí hay un gran problema, porque si consideran que están cuidando "al enemigo", la Berro será poco menos que la Base de Guantánamo.
Lo que se vive en la Colonia Berro es una emergencia humanitaria y las autoridades del Inau tienen que dejarse de mirar para otro lado como si nada tuvieran que ver.
En lugar de tanto encierro hay que impulsar una política de atención sicológica, educación y rehabilitación. Hay que tratar de reinsertar a los muchachos en la sociedad. Y hay que asegurar, si así lo dispuso el juez, la privación de libertad. Menos ocio y más trabajo y educación. Conciencia de que así como el trabajo transformó al mono en hombre, el encierro y el ocio transformarán a estos jóvenes en monos.
Parece mentira que esperaran un informe del Comité de los Derechos del Niño, absolutamente previsible y probablemente inevitable, para reunirse e inventar excusas. Absurdo que necesitaran semejante humillación para sentirse advertidos, cuando todo el país sabía lo que estaba pasando en la Colonia Berro.
Porque como frenteamplista, yo me siento humillado cuando se hacen estas denuncias por parte del Comité de Derechos del Niño. Aunque sólo fuera cierto el diez por ciento de las mismas.
Mas increíble aún es que luego de dirigir el Inau durante tres años y de haber sufrido críticas en el Parlamento, en los organismos de derechos humanos, en la prensa y en los organismos no gubernamentales especializados, el presidente del Inau salga a reiterar disculpas banales, superficialidades y medias verdades con el propósito de esquivar los bizcochazos, hacer tiempo, evitar las críticas obvias de las que no hay cómo escaparse y pretender ganar en la liga lo que se está perdiendo en la cancha.
La novedad de que se piensa en cerrar la Colonia Berro en el mediano y largo plazo es una primicia ridicula. La de que no se piensa reabrir el Hogar Rincón es aún más novedosa, hasta hace tres días los obreros de la construcción trabajaron para la reparación del hogar destruido en el último motín.
Es evidente que no queda otro camino que cerrar el Ser y, eventualmente, el Piedras, y construir un sistema integral de atención a menores en conflicto con la ley, con condiciones de seguridad capaces de asegurar la privación de libertad. Naturalmente hasta que este sistema no exista, para lo cual hay que fijar un plazo de no más de seis meses, no podrá cerrarse ningún hogar. Pero nada de mediano o largo plazo. El gobierno tiene que tener -los tiene y sabe que los tiene-los recursos necesarios. Habrá que crear plazas para que se les pueda dar a los muchachos condiciones dignas y a la sociedad, seguridad.
Cerrar la Colonia Berro no tiene mucho sentido. Más allá de los estigmas que la rodean, la posibilidad de disponer de una área semirrural con algunas edificaciones en buenas condiciones y con algunas condiciones de seguridad, caminería e iluminación, no plantean su cierre como una necesidad, por el contrario, podría ser un lugar perfectamente apto para menores en hogares relativamente abiertos.
Lo que no se puede es seguir recurriendo al expediente de criticar las gestiones anteriores o la falta de recursos actual, sin decir que en el Inau y particularmente en la Colonia Berro, se han hecho cuantiosas inversiones en este gobierno, se ha aumentado los cargos de educadores, se le dieron garantías a los mismos, se han contratado técnicos y sicólogos y definitivamente se ha fracasado en el propósito de cumplir las disposiciones judiciales con dignidad para los menores internados y seguridad para los funcionarios encargados de su custodia.
En esas condiciones el gobierno no tiene que estar ocultando debilidades sino que tiene que exigir resultados. Y el Inau tiene que exigir resultados al gerente del Interj, quien tiene el deber de asegurar dignidad a los reclusos y seguridad a la sociedad.
A esta conducción del Inau se le acabó el tiempo. Tenían el derecho a rechazar la colaboración de todo el mundo si hubieran sido capaces de resolver el problema, pero si no lo resolvieron ya, deben buscar ayuda. Este problema es un problema que nos involucra a todos, como el de los jóvenes adictos, el de los niños de la calle, el del maltrato y la prostitución infantil, el de las enfermedades mentales en la infancia y la adolescencia.
Su solución no es un problema que se resolverá en los próximos dos años como no se pudo resolver en los tres años anteriores. Es un problema de Estado en el que tienen que intervenir los otros. El gobierno, las comisiones parlamentarias, la Suprema Corte de Justicia, los jueces de menores, los distintos ministerios involucrados, la oposición, las Organizaciones No Gubernamentales, el sindicato de funcionarios y probablemente también actores privados, como las organizaciones sociales y empresariales.
Estoy seguro de que ante un proyecto creíble y una gestión confiable se podrá contar con apoyo y compromiso ciudadano.
A decir verdad, no hay cómo ayudar al que no quiere que lo ayuden.

Caras y Caretas, 4 de abril

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